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 ADIOS A BLANCA O CUANDO LA GLORIA SE APAGA - Agustín del Pino

Categoría: Colaboraciones
Fecha: 09/09/2019

Siempre es triste que muera una  persona  pero se aumenta el foco de la pena  cuando se va una deportista tan popular,  con tantos méritos y tanto carisma personal como Blanca Fernández Ochoa.  Lo de menos a estas alturas es rememorar los once días de  angustiosa búsqueda  para encontrarla o esa paradoja de que  tantos medios técnicos y humanos (400  efectivos)  no sirvieran para mucho y que fuera un solo hombre  de la Benemérita, con su perra adiestrada, el que se topara con el frío cuerpo de nuestra medallista olímpica en  los Juegos de Invierno de Albertville 1992. 

Desgraciadamente, esta forma de irse de este mundo voluntariamente se da con cierta frecuencia entre los grandes deportistas. Desde Urtain, pasando por Jesús Rollán (waterpolo, plata en Barcelona ´92), “Chava” Jiménez (ciclista), Marco Pantani (ciclista italiano de élite), Enke (portero del Barça y  de la selección alemana) y muchos más en otros continentes.  ¿Qué les pasa? ¿Por qué se van? Aunque se han buscado razones diversas que han podido influir en cada caso, parece que hay una constante en la mayoría de ellos: no han  superado el hecho de que se apagaran los focos a su paso  cuando por razones de edad tuvieron  que dejar la élite de sus especialidades.  Y otra secundaria,  pero fundamental: no se habían preparado profesionalmente para  entrar en la  sociedad en dónde vivimos el resto de los ciudadanos  anónimos, esos  que no salimos en la tele ni en el papel cuché. Quizá, por lo que cuentan,  esta segunda causa sea  la que ha llevado a Blanca a decirnos adiós unido a sus problemas de bipolaridad. Una pena.

Lo que sí hay que reconocer es que se había planificado un final propio de las novelas románticas. Huir del mundo hacia las cumbres,  rodearse del  bello paisaje natural  de La Peñota, sentarse en el suelo, tomarse un último trago  y esperar a que le llegara el sueño que la llevara a unirse con el Cosmos. 

 

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