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 TERTULIA DE HISTORIA - H80 - LA ESCLAVITUD EN LA MONARQUIA ESPAÑOLA - I/II

Categoría: Historia
Fecha: 22/09/2021

LA ESCLAVITUD EN LA MONARQUIA ESPAÑOLA. Miguel Jordan.

PROPÒSITO

El objeto de este trabajo es pasar somera revista a la esclavitud bajo la Monarquía española.

El tema de la esclavitud durante la monarquía española lo iniciaremos con la conquista de Canarias por los Reyes Católicos (1496) hasta la promulgación del decreto de abolición de la esclavitud en España el 13 de febrero de 1880 bajo el reinado de Alfonso XII.

Hasta el descubrimiento, conquista y colonización de las Indias la esclavitud en España era habitual, pero sin el auge que tomó con la esclavitud indígena y posteriormente con la esclavitud africana y de otras etnias en menor medida.

Con las reformas borbónicas y el mercantilismo se produce en la América española el mayor auge de la esclavitud, principalmente en los puertos de las Antillas, Cartagena y Veracruz a los que posteriormente se suma el Rio de la Plata.

En esta época se redactan los primeros códigos sobre los derechos y obligaciones de los esclavos negros, los llamados Códigos Negros a imitación de los implantados por los franceses en Haití bajo el auspicio de Colbert.

Cincuenta años después de la abolición de la esclavitud por Inglaterra (1833) se produce la abolición de la esclavitud en España (1880).

Aunque la monarquía española no negoció de manera directa con la trata de negros y promulgó leyes en contra de la esclavitud de los indios la realidad es que en el primer caso se lucró permitiendo que otros, portugueses, ingleses, franceses y holandeses, fueran beneficiarios de los asientos para la trata de negros lucrándose la monarquía de estos asientos. En el caso de los indios razones de tipo jurídico prohibieron la esclavitud de estos.

LA ESCLAVITUD EN ESPAÑA ANTERIOR AL DESCUBRIMIENTO

La conquista de las Islas Canarias tiene tres fases claramente diferenciadas, la conquista nobiliaria, la conquista señorial castellana y la conquista realenga. Aunque la esclavitud de los guanches se da a lo largo de toda la conquista nos interesa la realizada por los Reyes Católicos entre 1478 y 1496 con la conquista de las islas mayores, Gran Canaria, La Palma y Tenerife.

Vencidos los menceyales del norte (Tegueste, Tacoronte, Taoro, Icoden y Daute), los vencidos son tomados como esclavos de guerra. Es cierto que las epidemias hicieron estragos en los guanches, pero los supervivientes fueron esclavizados bien para trabajar en los ingenios azucareros de las islas o bien vendidos en la península. Los mercados de esclavos guanches fueron principalmente Sevilla y Valencia.

Durante los años siguientes a la Reconquista era habitual la tenencia de esclavos en las casas, principalmente de origen musulmán. Durante los siglos XV, XVI y XVII continuó esta costumbre, siendo significativo que en el decreto de expulsión de los moriscos en 1609 se incluyó una salvedad para que los que tuvieran el estado de esclavos siguieran perteneciendo a sus dueños y liberados de la expulsión, sobre todo en el Reino de Valencia. No solo los musulmanes eran los esclavos en España, sino que los eslavos y euroasiáticos eran muy apreciados.

Algunos estudios arrojan la cifra de que el 10% de la población de la península en el siglo XV eran esclavos, y en el XVI en Sevilla también se calculaba que un 10% del total de la población era esclava, y en Cádiz de 1600 a 1649 existían más de 11.000 esclavos.

INICIO DE LA ESCLAVITUD EN AMERICA COLONIAL

Con el descubrimiento de las Indias entra el tema de la esclavitud en un nuevo contexto. Cristóbal Colón según su plan original tenía un modelo de sociedad basado en las factorías comerciales; este modelo explotado con éxito por genoveses y portugueses tenía la ventaja de la poca inversión necesaria ya que con un pequeño destacamento era posible comerciar (rescatar) con los nativos y obtener pingues ganancias por el comercio de especies y esclavos, pero era preciso que la mercancía rescatada fuera de poco peso y volumen y alto precio. Este sistema fracasó en las Indias ante la inexistencia de especias de valor comercial y Colon viró hacia el comercio del oro. Pero la cantidad de oro aportada en el rescate no era la esperada y Colón pensó que las llaves del negocio vendrían por el comercio de esclavos y los tintes. Es verdad que el aumento demográfico en Occidente requería una mayor cantidad de mano de obra y en el caso de los tintes el precio que estos alcanzaban era en muchos casos superior al del oro, como ocurría con los tintes para obtener el color púrpura o rojo.

La esclavitud de los indígenas no parecía en principio ninguna aberración ya que se llevaba practicando desde la antigüedad y en esa época en España era moneda corriente, sin olvidar que los pueblos caracterizados de infieles podían ser esclavizados si eran aprendidos en guerra justa, de acuerdo con el derecho romano. Colón solo tenía que justificar que los indios eran infieles y capturados en guerra justa. Esto no planteó inicialmente muchos problemas y Colón pudo enviar a los puertos ibéricos tintes y esclavos indios.

Pero la esclavitud de los indios chocó con lo dispuesto en las bulas alejandrinas(las dos Inter caetera, Eximiaedevotionis y Dudumsiquidem) ya que en ellas se concedía a Castilla el derecho a la posesión de las Indias siempre que se primase la evangelización de los indios. Por tanto, la esclavización de los indígenas americanos suponía la nulidad de las bulas alejandrinas y por tanto el derecho a la posesión de las Indias por parte de la Monarquía española. Las consultas a los juristas y teólogos del momento confirmaron que los indígenas no podían ser considerados ni como infieles ni como botín de guerra siendo por tanto libres y sujetos a evangelización.

Superada la organización colombina de las factorías se decidió incentivar la agricultura y la ganadería en América, lo que permitiría a la Corona implantar impuestos tanto a los productos como a los indígenas que trabajaran en las encomiendas. Desgraciadamente la agricultura necesitaba de mano de obra intensiva que no podía ser abastecida por los indios ya que la mortandad por las enfermedades y otras causas había diezmado a la población indígena; quedaba la alternativa de llevar al continente americano esclavos procedentes principalmente de África.

LA TRATA DE NEGROS EN LA AMERICA COLONIAL. (SIGLOS XVI Y XVII)

Convertido el negro en un factor del capital su introducción en América se guio por criterios mercantiles. Aunque en un principio la Corona no intervino en el tráfico de negros a partir de 1513 no se permitió este tráfico sin la correspondiente licencia, lo que podía significar una fuente importante de ingresos. Inicialmente estas licencias se concedían a título personal que solían recaer en portugueses que poseían territorios en África y contaban con una experiencia en esta área del comercio. Se implantó el sistema de asientos, consistente en que por subasta se concedía el monopolio del tráfico de negros a una persona o a una compañía comercial que pagaba una cantidad de dinero por el monopolio durante un periodo determinado y con un volumen de negros a introducir en determinados puertos americanos. Este volumen de negros no se media en personas, sino en piezas, siendo una pieza la correspondiente a un individuo adulto, de una talla de siete cuartos, sin defectos físicos ni enfermedades; los niños, jóvenes y viejos se consideraban como una fracción pieza.

Durante el siglo XVI la zona de abastecimiento de esclavos era la costa africana del Senegal, Cabo Verde y el golfo de Guinea, con Santo Tomé como una gran factoría negrera, y yaen el siglo XVII se desplazómás al sur, hasta Angola. El destino de estos esclavos negros fueron las zonas cálidas de América, principalmente las Antillas, las zonas costeras de México y Perú, la costa novogranadina y los cursos fluviales del Cauca y Magdalena.

Los puertos de entrada de los esclavos negros fueron Cartagena, de donde se distribuían hacia las Antillas, Lima, Nueva Granada, y Veracruz que abastecía a toda la costa caliente mexicana. Otro gran puerto de llegada era Buenos Aires que distribuía también a Chile y al Alto Perú.

La cuantificación del número de esclavos llegados a la América hispana entraña mucha dificultad, ya que la cantidad de piezas asignadas a los asentadores no coincide con el número de negros llegados y desembarcados dada la alta mortalidad en el viaje y al contrabando negrero. Con cierta aproximación algunos autores reflejan una llegada de 75.000 esclavos en el siglo XVI que daría una media de 5.077 por año y en el siglo XVII una media de entre 3.000 y 3.500. Otros autores como Curtin evalúan la entrada de negros durante el monopolio portugués (1601-1650) en 127.000, Aguirre Beltrán lo cifra en 132.000, Palmer en 151.000 y Vila Vilar entre 250.000 y 300.000 contando las entradas fraudulentas.

A partir de 1640 se anula el asiento a los portugueses y se declara una paralización de la trata. Cuando en 1651 se levanta la prohibición de la trata se decide que fueran los comerciantes sevillanos a través de la Casa de Contratación los que comerciaran con los esclavos, lo que resultó un rotundo fracaso volviendo al sistema de asientos en 1662 en el que los asientos de negros pasan a manos holandesas, que entre otras razones contaba con una base logística en Curaçao. Este monopolio holandés duro hasta 1701, año en que pasó a manos francesas.

Desde 1651 hasta 1701 Curtin estima una llegada de 165.000 negros, aunque a algunos les resulta excesiva.

El afán recaudatorio de la Monarquía Hispana queda reflejado en las órdenes que fueron dictadas y que se reflejan en la Recopilación de la Leyes de Indias, en el Libro VIII, titulo XVIII  bajo el nombre de Los Derechos de los esclavos, aunque en realidad debería llamarse de los derechos de la Corona sobre los esclavos; así en la ley ”j” de 1595 se ordena que no puedan entrar negros sin licencia de la Corona en ningún puerto de las Indias; la ley ”ij”(1557)abunda en el mismo tema poniendo las penas a los que llevasen negros en barca perdiendo la barca y preso por 30 días; la ley ”iij“(1624)impide pasar esclavos negros del Rio de la Plata a Perú; la ley “vij” (1624) ordena la paga a las cuadrillas que anden en busca de  cimarrones; la ley “viiij“ (1611) advierte que todos los ingresos por los derechos de esclavos sean enviados a la Casa de Contratación de Sevilla sin ser tocados por las Audiencias. Como vemos, la monarquía se preocupaba de los ingresos que le suponía la trata de negros y no de la defensa de los negros.

LA TRATA DE NEGROS EN EL SIGLO XVIII.

Con la llegada de los Borbones y la aplicación de las llamadas reformas borbónicas continúa la entrada de esclavos en pos de una rentabilidad económica de las Indias. El comercio de esclavos pasó a ser no ya un asiento entre empresas o particulares con la Monarquía española sino un tema de política internacional que se negociaba de gobierno a gobierno. Una de las primeras medidas de Felipe V en 1701 fue la concesión del asiento de negros por diez años a la Real Compañía Francesa de Guinea, con la obligación de proporcionar 600 piezas anuales en el puerto de Buenos Aires. La incapacidad para poder suministrar este número de piezas hizo que la Compañía terminara con un fracaso y fuera liquidada.

En 1713 entra en juego Inglaterra en la trata de esclavos con América mediante la obtención del asiento por 30 años a la Compañía Inglesa de la Mar del Sur, con la obligación de introducir 144.000 piezas en ese periodo. Los enfrentamientos entre España e Inglaterra, y el contrabando realizado por franceses, portugueses y holandeses hizo que no pudieran cumplir con estas condiciones, y aunque el asiento se prolongó hasta 1750 la Compañía renunció al asiento recibiendo una indemnización de 100.000 libras. Durante el periodo 1701-1760, como consecuencia del criterio economicista de los Borbones, la entrada de negros se aumentó considerablemente, estimándose que entraron 270.000 esclavos, cifra muy superior a la media de entrada en el siglo XVII. Con esta entrada de mano de obra se consiguió en esta primera mitad del siglo XVIII un aumento considerable de la agricultura. La producción de maíz, de trigo, de caña de azúcar, del tabaco, del cacao, del añil, de la hierba mate y del café tuvo un incremento muy considerable, cosa que no ocurrió con la ganadería y la minería que sufrieron un estancamiento.

En la última mitad del siglo XVIII continuó el comercio esclavista hasta 1789 en que se decretó la libertad de comercio negrero para algunas provincias, aunque siguió coexistiendo con el sistema de a asientos. En 1760 la Compañía Gaditana de Negros (Miguel de Uriarte) obtuvo el asiento durante 10 años para introducir 15.000 piezas al año, lo que no pudo cumplir, aunque se le renovó la concesión en 1775 con la obligación de introducir 3.500 piezas al año entre Cartagena, Portobelo, Cuba, Campeche y otros puertos menores. Se produjo la quiebra de la Compañía en 1772 entre otras razones por los derechos de desembarco de los negros en los puertos americanos que eran muy altos.

En 1773 se concede otro asiento a la Compañía Gaditana con nuevos accionistas (Aguirre y Aristegui).

Otros asientos se producen en 1785(Edward Barry) para introducir 4.000 piezas en Venezuela, en 1786 (comerciantes de Liverpool) para 6.000 piezas en La Habana y Caracas; en 1787 (Compañía de Filipinas) para Rio de la Plata, Perú y Chile.

En 1789, se declara la libertad de comercio negrero.

Durante el reinado de Carlos III, a finales del siglo XVIII surgen los llamados Códigos Negros como un conjunto de leyes para ordenar los deberes y obligaciones de los esclavos negros y de sus dueños. El primer código negro en América Española se realizó por el cabildo de Santo Domingo en 1768 aunque su puesta en práctica nunca se realizó. Con la entrega a España de la Luisiana en 1762 se encontró con una población esclava mayoritaria, por lo que el gobernador O`Reilly decidió copiar en código negro francés de 1724 conocido como Código Negro de Luisiana que fue el único que tuvo vigencia en el siglo XVIII. El Código Carolino de 1789 modera las ordenanzas de los códigos negros, siendo sus elementos más interesantes los de instruir a los esclavos en la fe los sábados y domingos; obligación de vestirlos y alimentarlos; no utilizar a los niños; fomentar los matrimonios entre esclavos; limitar la edad laboral entre los 17 y los60 años. Se eliminaba la carimba o marca de hierro en el hombro u otras partes del cuerpo y se mantenían medidas represivas sobre los fugados (cimarrones) y revolucionarios. Este Código fue unánimemente reprobado por los cabildos aduciendo que su aplicación llevaría a la ruina a los propietarios de esclavos. Aunque no fue derogado, no se aplicó.

Al negro esclavo se le consideraba como un bien del cual su propietario podía disponer libremente; no podían suscribir contratos ni ser testigos de un juicio; no podía tener posesiones y tenían prohibido portar armas y reunirse en las plantaciones.

LA TRATA DE NEGROS EN EL SIGLO XIX.

Hasta la abolición de la esclavitud el comercio negrero se centra fundamente en las Antillas dado el auge enorme experimentado por la producción y comercio de azúcar. Se estima que entre 1790 y 1816 entraron en Cuba 148.000 piezas, aunque Curtin hace una evaluación entre 1761 y 1810 de 307.000 piezas entradas en las Antillas españolas, lo que significa una media de 6.148 piezas al año, lo que indica el enorme comercio de la trata comparado con la media para toda América Hispana en la primera mitad del XVIII de 4.520 piezas al año.

El primer país en abolir la esclavitud fue Haití en 1803, seguido por Dinamarca en 1804 y posteriormente por Chile y México en 1810. La SlaveryAbolitionAct dictada por Inglaterra en 1833 fue el mayor impulso contra la esclavitud al que siguieron a continuación Suecia, Estados unidos y Francia que lo hizo en 1848. La declaración de la liberación de los esclavos en Estados Unidos fue proclama por Lincoln en 1863, aunque en los estados del Norte, no confederados, se realizó con anterioridad.

La abolición de la esclavitud por parte española se hizo el 13 de febrero de 1880 aunque establecía un periodo de transición de 8 años.

OTROS APORTES ETNICOS Y EL MESTIZAJE.

A la aportación de africanos a América hay que sumar, aunque en menor medida, a los esclavos procedentes del continente asiático. La llegada normalmente a través del Galeón de Manila la componían filipinos, chinos y japoneses que entraban a trabajar en el servicio doméstico y en la industria de los textiles de seda.

Un aspecto no tratado en este trabajo es el del mestizaje y el número de individuos que como consecuencia del cruce étnico permanecieron como esclavos. Según los historiadores es imposible cuantificar el número de mestizos que permanecieron esclavos y cuantos fueron manumitidos, así como deducir el número de hijos de esclavos que continuaron siendo esclavos.

Como curiosidad, la nomenclatura sobre la mezcla étnica alcanza los siguientes calificativos:

El cruce entre español con indio es denominadomestizo; Mestizo con español es castizo; Castizo con español es español;Español con negro es mulato; Mulato con español esmorisco; Morisco con español es chino; Negro con indio es zambo; Chino con indio es saltatrás; Saltatrás con mulata es lobo; Lobo con chino es jibaro; Jibaro con mulata es alborozado.

Además de otras mezclas que dan lugar a Cambujo, Zambaigo, Calpamulato, Tentenelaire, Notentiendo y Tornatrás

Conclusiones

1.- La esclavitud era habitual en España siendo regulada por el derecho romano y por el código de las Siete Partidas. La tenencia de esclavos musulmanes, moriscos, eslavos y caucásicos se prolongó durante gran parte del siglo XVI. Con la expulsión de los moriscos se salvaron de ella aquellos que estaban esclavizados para labores agrícolas principalmente en el Reino de Valencia.

2.- Aunque ya Colon presentó como una forma de rentabilizar el descubrimiento la esclavitud de los indios, la contradicción con las bulas alejandrinas hizo que la Corona declarase a los indios como personas libres necesitadas de evangelización.

3.- La Monarquía española no estuvo directamente involucrada en la captura y tráfico negrero, pero se lucró con las concesiones y asientos para este tráfico o trata de negros, las Leyes de Indias y las ordenanzas posteriores así lo reflejan.

4.-Aunque el número de negros entrados en América hispana fue considerable, queda su cuantía muy lejos de los introducidos en Brasil y en los Estados Unidos.,      

5.- Una grosera estimación de los negros entrados en América bajo la Monarquía española resulta de aplicar la media de 5.000 piezas en el XVI, 3.500 en el XVII, 4.500 en el XVIII y 6.000 en el XIX hasta la prohibición de la esclavitud. Esto nos lleva a un númerode más de 1.700.000 piezas, a las que añadir los procedentes del contrabando negrero y a los jóvenes y viejos no contabilizados.

6.- Si difícil es evaluar los esclavos entrados bajo licencia de la Corona mayor dificultad aborda determinar el número de mestizos esclavizados.

7.-La nula consideración que la Monarquía española tuvo hacia los negros esclavos, considerados como un bien propiedad de sus dueños, se observa en los Códigos y Ordenanzas promulgadas.

Fuentes:

“América colonial (1492-1763). Política y Sociedad.” Pedro Pérez Herrero. Ed. Síntesis 2002

“América Española (1763-1898) Política y Sociedad”. Pedro Pérez Herrero y C. Naranjo. Id

“Historia de las Américas”. Tomos II y III. Luis Navarro García Coord. Universidad de Sevilla 1991

“Recopilación de las Leyes de Indias.

La esclavitud norteafricana. De Miguel JordanLa esclavitud norteafricana

Ya en la década de 1950 el historiador belga Charles Verlinden señaló la esclavización de los prisioneros musulmanes por parte de los estados cristianos del Mediterráneo, especialmente los ubicados en Italia y la Península Ibérica. Las formas de capturarlos eran muy variadas: bien fruto de cabalgadas organizadas desde las costas andaluzas ya desde el siglo XV con la finalidad de obtener esclavos y botín; bien por apresamientos de barcos musulmanes en alta mar realizados por los corsarios cristianos; bien como consecuencia de las conquistas de las plazas norteafricanas iniciadas en la época de los Reyes Católicos. La principal razón de ello fue el constante estado de guerra entre los imperios español y otomano, ambos deseosos de imponer su hegemonía política en el Mediterráneo. La ocupación de ciudades norteafricanas por parte de la Monarquía Hispánica (Melilla en 1497, Túnez en 1535, Larache y La Mamora en 1610) provocaría el cautiverio de numerosos musulmanes. La ocupación española de Orán entre 1509 y 1791 facilitó asimismo la creación de una ruta esclavista permanente. Las fuentes nos muestran numerosos cautivos procedentes de Orán, Bugía, Trípoli y Túnez, aunque el destino de muchos de ellos era el de ser canjeados por cristianos prisioneros en manos musulmanas.

Si durante la Baja Edad Media los esclavos norteafricanos fueron llamados sarracenos, a partir del siglo XVI se hace más frecuente el término berberisco. En la Edad Media el vocablo sarraceno fue utilizado sobre todo para los individuos procedentes del norte de Africa, pero también para designar a los musulmanes de la Península Ibérica. Según el Tesoro de la Lengua castellana de Covarrubias de 1611, sarraceno es un sinónimo de moro, y esta definición provendría de Sarra, la esposa de Abraham. Desde el siglo XVI, por el contrario, se prefiere utilizar el término de berberisco, predominando el criterio geográfico (originario de Berbería, es decir, el norte de África).

Normalmente se piensa que el esclavo norteafricano es de piel blanca, pero la realidad afirma lo contrario. En la Granada del siglo XVI, donde las compraventas mencionan el color de la piel de los esclavos berberiscos en el 83% de los casos, el 48% son blancos, el 24% negros, el 1% mulatos, el 8% loros y el 3% membrillo cocho, por lo que sería incorrecto identificar la esclavitud norteafricana como blanca. Algo similar sucede en Cádiz: de los 392 berberiscos vendidos entre 1650 y 1750, según catas realizadas cada cinco años, se precisa el color de la piel de 206, y nos encontramos a 127 membrillos, 4 claros, 49 blancos, 3 morenos, 6 mulatos, 8 negros, 1 oscuro, 5 trigueños, 2 mulatos y 1 pardo. Por lo que se refiere a los 788 moros, de los cuales de 663 se especifica el color de la piel, nos encontramos con un atezado, 156 blancos, uno claro, 387 membrillos, 7 mulatos, 79 negros, 12 trigueños, 10 morenos, 1 oscuro, 1 pardo y 8 turcos.

La presencia de esclavos norteafricanos fue una constante hasta muy avanzado el siglo XVIII, a pesar de que en repetidas ocasiones se promulgaron órdenes de la Corona disponiendo su expulsión por el peligro potencial que podían suponer. Así sucedió el 19 de julio de 1624, cuando el cabildo municipal gaditano acusaba recibo de la Real Cédula del 26 de junio del mismo año por la que Felipe IV mandaba que ninguna persona pudiera tener esclavos moros o nuevamente convertidos sino era para el servicio de su casa y que no les consintieran andar a jornal, que todos los moros libres salieran de la ciudad, y que si era posible «se traigan negros de Guinea y no de Berbería por ser gente más segura«. Un bando del gobernador, el conde de Frigiliana, del 13 de agosto de 1646, señalaba que «por cuanto tiene SM mandado que en todas las ciudades villas y lugares de estos reinos que fueren marítimos no haya ningún moro y que los que hubiere entren a vivir 10 leguas la tierra adentro…mando que dentro de seis días…salgan a cumplirlo todos los moros que en esta dicha ciudad se hallaren de edad de 16 años arriba» so pena de ser condenados a galeras de por vida. Pero la importancia económica de los esclavos fue tal que en ciertos momentos se libraron de las órdenes de expulsión. Una consulta del consejo de Guerra de 1637 con motivo de alistar esclavos para las galeras, indicaba los inconvenientes que se podrían seguir de alistar a negros y mulatos «por hacer mucha falta a sus dueños y en Cádiz a las fortificaciones”. Del mismo modo, una Real Cédula, recibida en cabildo del 29 de abril de 1658, toleraba a los moros en la ciudad, aunque su vigencia fue de corta duración ya que el gobernador Antonio Pimentel y Prado se vio obligado a cumplir la Real Orden del 12 de junio de 1662 que disponía que todos los esclavos moros y berberiscos que habitasen a menos de 15 leguas de la costa se retirasen al interior en el término de un mes so pena de galeras, pero lo hizo con bastantes reticencias, ya que de 133 moros localizados, solamente envió a 25, «volviendo los demás a sus dueños por el favor e inteligencia que en esto tuvo«.

En el uso de los esclavos norteafricanos como fuerza de trabajo destacó siempre la corona española, que los empleaba en la construcción de fuertes, labores de minas y servicio de galeras, que requerían una enorme necesidad de cautivos: las cuarenta galeras españolas necesitaban en el siglo XVI 2.500 esclavos de un total de 8.000 galeotes, es decir, 5.000 cada diez años, o 50.000 durante un siglo, lo que quiere decir que durante la Edad Moderna 150.000 esclavos pasaron por las galeras del Rey Católico. Siendo estos esclavos mayoritariamente norteafricanos, otomanos o eslavos, las galeras constituían una mezcla increíble de lenguas y culturas, por cuanto podían tener comandante genovés, marineros españoles, soldados flamencos y alemanes, y esclavos turcos, argelinos o subsaharianos. Es cierto que en ellas los esclavos constituían solamente una pequeña parte de la fuerza de trabajo, pues normalmente eran servidas por forzados o condenados a galeras por los tribunales pero, siempre que éstos escaseaban, lo más rápido era forzar el servicio de los esclavos, aunque los intentos del gobierno chocaban con fuertes resistencias. Un decreto para alistar esclavos en Málaga en 1670 fue resistido por los amos y en un plazo de ocho meses solamente se obtuvieron tres esclavos. Aunque en el siglo XVIII las galeras fueron quedando cada vez más obsoletas, antes de su definitiva retirada en 1748, los esclavos y forzados ya no trabajaban predominantemente como remeros, sino, sobre todo, en los astilleros, siendo la tarea más ardua la de hacer funcionar las bombas de achique. Se pueden encontrar numerosos ejemplos de ello en el arsenal gaditano de La Carraca, donde su presencia se prolongaría al menos hasta 1779, siempre en unas condiciones de vida muy duras, por cuanto habitaban en barracones donde algunas veces soportaban el hacinamiento y la miseria, según se indica en 1766, “por la noche los meten a dormir, en un lugar tan estrecho, que adonde no pueden dormir más que diez o doce, meten cincuenta, y así tienen que dormir en cuclillas, llenos de miseria e inmundicia”. En 1737 el comisario de marina informaba que los esclavos del arsenal de Cádiz padecían mucho frío a causa de su desnudez, porque en dos años solamente habían recibido un par de calzones.

Autor: Arturo Morgado García

Bibliografía

BARRIO GOZALO, Maximiliano, Esclavos y cautivos. Conflictos entre la Cristiandad y el Islam en el siglo XVIII, Junta de Castilla y León, 2006.

BARRIO GOZALO, Maximiliano, “La esclavitud en el Mediterráneo Occidental en el siglo XVIII. Los esclavos del Rey de España», Critica Historica, Florencia, 1980.

MARTÍN CASARES, Aurelia, La esclavitud en la Granada del siglo XVI, Granada, Universidad de Granada, 2000.

MARTÍN CASARES, Aurelia, “Evolution of the orgins of the slaves sold in Spain from the Lattle Middle Ages till the 18th century”,enCavaciocchi, Simonetta (ed.),Schiavitú e servaggio nell economiaeuropeasecc. XI-XVIII”, Florencia, Firenze University Press, 2014.

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MORGADO GARCÍA, Arturo, Una metrópoli esclavista: el Cádiz de la Modernidad, Granada, Universidad de Granada, 2013.

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