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 TERTULIA NUESTRO MUNDO - NM58 FUTURO de la FAMILIA

Categoría: El hombre y su tiempo
Fecha: 20/02/2020

NM58 FUTURO de la FAMILIA. Enrique Cabellos.

En España el número de matrimonios va descendiendo un 5 – 6% cada año (en 2018 163.450), mientras los divorcios suben a una tasa más baja, pero que ya suponen el 62% de los matrimonios.

En 1980 las madres primerizas casadas eran el 92,8%   >>> en 2018 son el 43,8% y sigue cayendo.

En 1980 las madres primerizas solteras eran el   7,2%    >>> en 2028 son el 56,2% y sigue subiendo.

El 42,5% de nacimientos en España proceden de solteras o parejas de hecho sin papeles. Este dato en 1980 era del 3,9%.

Aunque todavía son pocas, aumentan las familias de hijos adoptados o de vientres de alquiler, lo cual se liga a el mayor número de casos de infertilidad por razones poco estudiadas.

La estructura familiar se está modificando a pasos de gigante y la tendencia parece imparable, de forma que en pocos años el concepto de familia será otro muy diferente. Si miramos al pasado descubrimos los enormes cambios que el concepto de familia ha experimentado. En la antigua Grecia no existía una palabra que denominase el concepto actual de familia; la “oikogeneia” era la relación del génesis y de las generaciones sucesivas. Entre las clases dirigentes el hijo maduro era parte del estado, mientras el niño permanecía en el gineceo a cargo de diversas mujeres, y más tarde formaba parte de las “fratrías”.

En Roma no existe un concepto de matrimonio similar al nuestro. Había 3 tipos de unión. Confarreatio: solemne ante Júpiter, para patricios ilustres, y la mujer pasaba a pertenecer a la familia del marido. 2º Coemptio como compra con 5 testigos, el novio pagaba al suegro una moneda de plata. 3º UsusConvivi: era el habitual, concubinato consuetudinario “de facto” sin forma jurídica ni contractual.

El matrimonio como sacramento no existe hasta el siglo XV y el Código de Derecho Canónico lo define como ordenado “al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole” sin mencionar el amor de san Pablo. En siglos posteriores hay de todo, y junto a una perfecta educación existe una mayoría de uniones sin nexos, e incluso (ver historia de Papas) se dan barraganas e hijos irregulares, mientras en familias nobles son los hijos una herramienta de poder institucional.

Hasta bien entrado el s. XX era normal la figura de la amante y toda la literatura reciente está llena de hijos ilegítimos y de dramas humanos que no podemos negar.

Dejando por un momento a nuestro occidente vemos que la familia generada a partir de una pareja no es ni ha sido lo más habitual. Desde los primeros humanos han existido otras formas como la poligamia y la poliandria. La primera, mejor expresada como poliginia, es tal vez la forma de familia más habitual de la historia que, además de seguida por el islamismo, se ha establecido como habitual en todos los continentes. Incluso en países católicos suramericanos la poliginia es relativamente habitual en medio rural al día de hoy. La poliandria ha sido menos frecuente, casi siempre localizada en oriente, África y zonas apartadas.

Puede que las personas mayores, como nosotros, no veamos esta evolución con buenos ojos, pero ya Bauman en su sociedad líquida anunció unos cambios que se están constatando desde hace ya bastantes años, y sería ceguera negarlos. Es posible que estemos en el momento estelar de la familia, en el que la compenetración de los padres es una directriz en la educación del niño. Pero también hemos de ser conscientes de que en derredor percibimos padres que agobiados por el trabajo y las presiones sociales se alejan de su educación, que queda a cargo de las madres. Cuando ellas también trabajan y tienen horarios complicados la educación del niño queda en manos de los abuelos. ¡¡Benditos abuelos!!

La evolución de las sociedades es imparable, es un río que nos arrastra y es necio querer enmendar su nuevo cauce, pero somos muchos los que pretendemos salvar ciertos valores. Y aquí ya entramos en el desiderátum de difícil aplicación.

Tal vez habría que incidir en las raíces del sistema, que son la Educación (con mayúsculas). Sabemos que la familia tradicional está a la baja y surgen nuevas relaciones de forma imparable. Solo nos queda la opción de una formación que incida sobre unos valores que a su vez se modifican con el tiempo. El problema básico es como actuar. Los países que han alcanzado un alto nivel educativo Finlandia, Suiza, Dinamarca, han partido de considerar la educación fuera de las decisiones políticas, dando prioridad a los expertos en educación, valorando la experiencia y la capacidad de transmitir ideas y valores.

Visión Antropológica.

Desde su origen el amor no ha sido una prioridad. Las prioridades eran ante todo sobrevivir, alimentarse y reproducirse. Tampoco era una prioridad el formar una familia, ni tampoco la educación del niño. Era simplemente una necesidad y un interés en que los niños de la tribu, todos como un solo ser, se preparasen cuanto antes en defenderla y en la labor de caza y recolección para avituallar al grupo. Estas directrices que marcan al Homo Sapiens, e incluso a sus antecesores, siguen vigentes hoy en día, aunque matizadas y muy condicionadas por el ambiente de su sociedad y por sus necesidades, así como sus tótems sagrados y sus tabús.

El cuidado del niño viene condicionado por su cultura ambiente y por el entorno físico. No es el mismo proceso en un grupo de gitanos nómadas, que en un suburbio de una gran ciudad, o en alta sociedad de altos ingresos, con negocios que dan rentas aseguradas.

Pero tampoco es igual la relación entre marido y mujer en cada una de las mil sociedades que podríamos comparar. Nuestra sociedad española de clase media no es homologable con un granjero del middleest de USA, o un agricultor cafetero del sur de Brasil, o un libio del desierto, o un urbanita de Singapur. Todo cambia con el medio.

La pareja que asume lo de “hasta que la muerte nos separe” es una minoría, no ya comparada con otras latitudes y culturas, sino dentro de nuestra propia España. Buscar la comparación es irreal e inútil. Tampoco podemos referirnos a una equiparación de estructuras legales o principios de conveniencia. Toda relación humana se basa en principios que varían en el tiempo, con la evolución de las costumbres y, mucho más, con el marco geográfico.

Centrándonos en España, hace tan solo un siglo la cuna te hacía deudor de un pueblo, de una cierta familia, de una pareja, de unos hijos que convivían en su ambiente rural. Hoy la sociedad líquida a modificado todos los parámetros. Incluso en esa utopía de hace un siglo se encontraban múltiples formas que no coincidían con el estereotipo que yo mismo planteaba.

Si nos ponemos al día de hoy, podremos ver inconvenientes, pero es indudable que hemos mejorado un centón en dignificación de la mujer, en su igualdad ante la ley, y lo que es más importante, ante una igualdad de oportunidades que hace que aquella mujer condenada a cocinar y a cuidar la casa, tenga hoy una educación universitaria y un puesto de trabajo inimaginable hace tan solo 60 o 70 años.

Por otra parte, también hemos mejorado en prestaciones como educación gratuita, sanidad incomparable a la de entonces, seguros de paro, de enfermedad, pensiones no contributivas, o protección legislativa. Podremos quejarnos de una cierta insuficiencia, pero hoy la sociedad permite formas de familia que hace un siglo eran imposibles.

El ser humano siempre ha estado cambiando, y cuando se ha resistido, empeñado en mantener estructuras caducas, ha entrado en decadencia. Cuando en el oriente mediterráneo, hace tal vez 3.000 años, algún osado navegante a remo se atrevió a levantar una vela, fue atacado por los sacerdotes y por los siempre inmovilistas, por atreverse a utilizar la energía de sus dioses, y fue sancionado. Si vemos la historia con ojos indagadores veremos repetir esta jugada una y mil veces. Hay que mirar al futuro con ambición y atreverse a crear nuevas relaciones y una nueva sociedad. Que por cierto lo necesitamos en el mundo de la Educación.

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